Miércoles, 28 de diciembre de 2005
Pepe tenía mucho éxito en su carrera, no tenía problemas económicos y era muy querido por sus amigos. sin embargo, con el tiempo empezó a sufrir dolores de cabeza, ligeros al principio, pero que fueron aumentado de intensidad hasta llegar a ser insoportables.
Cuando su salud, su trabajo y su vida amorosa empezaron a ser afectados por este problema, Pepe se decidió a consultar a un médico.
El especialista lo examinó, realizó varios análisis, le tomó radiografías, muestras de sangre, de heces, de orina, y por fin. Tengo una noticia buena y una mala. La buena es que puedo curarle sus dolores de cabeza; la mala es que para hacerlo, tendré que castrarlo. Usted sufre de una rara condición en la que los testículos oprimen la base de la columna vertebral, y eso es lo que le causa dolores de cabeza
La única manera de remediarlo es removiendo sus testículos". Pepe quedó anonado y deprimido, pero sus jaquecas empeoraban día con día, y preso de la desesperación, decidió someterse a la operación.
Al salir del hospital, el dolor de cabeza había desaparecido por completo, pero se sentía abatido y desanimado, como si le faltara una parte de sí mismo (obviamente).
Caminando por un parque, se puso a reflexionar, y decidió que, puesto que se sentía como una nueva persona, empezaría su nueva vida de nuevo, disfrutándola a cada momento.
Animado pasó frente a una sastrería. "Eso es lo que necesito" -se dijo a sí mismo- "... para empezar: un traje nuevo".
Así que entró en la tienda y le dijo al vendedor que necesitaba de un traje nuevo. El vendedor lo observó por un momento y dijo: "muy bien, es talla 44". "¡exacto! ¿Cómo lo supo?".
"Es mi trabajo", repuso el vendedor. Pepe se probó el traje y le quedó perfectamente. Mientras se observaba en el espejo, el vendedor le dijo: "¿qué le parecería una camisa?". Pepe lo pensó por un momento y respondió: "Claro, ¿por qué no?". "Veamos, necesita una 34 de mangas y 16 de cuello". "¡Exacto! ¿Cómo lo supo?".
"Es mi trabajo", repitió el vendedor. Pepe se probó la camisa, que le quedó muy bien. Mientras se veía en el espejo, el vendedor le dijo: "Le convendría tener también zapatos nuevos". Pepe estaba cada vez más animado.
"Por supuesto" dijo. El vendedor echó un vistazo a los pies de Pepe "deben ser de talla 9 1/2". Pepe estaba asombrado. "¡Exacto! ¿Cómo lo supo?".
"Es mi trabajo", repitió el vendedor.
Mientras Pepe admiraba sus zapatos, el vendedor le preguntó: "desearía también ropa interior nueva?". Pepe lo pensó por un segundo, pensó en la operación que acababa de sufrir y dijo: "De acuerdo". "muy bien deben ser calzoncillos de talla 36".
Pepe se rió: "no, amigo, se equivoca. he usado talla 34 desde los 18 años".
El vendedor negó con la cabeza...
"¡No es posible que use 34!... El calzoncillo sería demasiado apretado... ¡Le presionaría los testículos contra la base de la columna vertebral y le produciría un terrible dolor de cabeza!".
Por: Andi | Chistes | Comentarios (0) | Referencias (0)
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El desván es
Un pequeño trastero donde se van amontonando chistes, crónicas, imágenes, reflexiones, textos fuera de contexto y cosillas que hay en las tres W. Todo dentro de distintos embalajes. Cosas nada fuera de lo común.




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