Martes, 16 de agosto de 2005
En cierta ocasión, durante una charla me hicieron esta pregunta: Qué es lo mas importante que has hecho en tu vida?"
La respuesta me vino a la mente en el acto, pero no fue la que di, porque las circunstancias no eran las apropiadas. En mi calidad de Gerente General. de una multinacional, sabia que los presentes deseaban escuchar anécdotas sobre excelentes operaciones o negocios con brutales ganancias.
Lo más importante que he hecho en mi vida, tuvo lugar el 8 de Octubre de 1980. Comencé el día en una confitería con un amigo mío al que no había visto en mucho tiempo. Entre café y café, conversamos acerca de lo que estaba pasando en la vida de cada cual. Me contó que su esposa y el acababan de tener un bebe.
Mientras charlábamos, llego el padre de mi amigo, que consternado, le dijo que su bebe había dejado de respirar y lo habían llevado de urgencia al hospital. Inmediatamente, mi amigo subió al auto de su padre y se fue.
Por un momento me quedé donde estaba, sin acertar a moverme, pero luego trate de pensar que debía hacer: Seguir a mi amigo al hospital?
Mi presencia allí, me dije, no iba a servir de nada, pues la criatura seguramente estará al cuidado de médicos y enfermeras, y nada de lo que yo hiciera o dijera iba a cambiar las cosas. ¿Brindarle mi apoyo moral?
Eso, quizás, pero tanto él como su esposa provenían de familias numerosas, sin duda estarán rodeados de parientes, que les ofrecerán consuelo y el apoyo necesario. Lo único que yo haría sería estorbar.
Después de algunas dudas, inconsciente e inesperadamente, algo me impulsó a subirme al auto y salir hacia el hospital. Como supuse, la sala de espera estaba llena de familiares que trataban de consolarlos. Entré sin hacer ruido y me quede junto a la puerta, tratando de decidir qué hacer. No tardó en presentarse un médico, que se acerca a la pareja y, en voz baja les comunica que su bebe había fallecido.
Durante lo que pareció una eternidad, estuvieron abrazados, llorando, mientras todos los demás los rodeaban en medio del silencio y el dolor. El médico les preguntó sí deseaban estar unos momentos con su hijo. Mi amigo y su esposa se pusieron de pie y caminaron resignadamente hacia la puerta; al verme allí, en un rincón, la esposa de mi amigo se acercó, me abrazó y comenzó a llorar, también mi amigo se refugió en mis brazos. "Gracias por estar aquí", me dijo.
Durante el resto de la mañana, permanecí sentado en la sala de urgencias del hospital, viendo a mi amigo y a su esposa sostener en brazos a su bebe y despedirse de él.
Eso, es lo más importante que he hecho en mi vida.
Aquella experiencia me dejo tres enseñanzas:
La primera: Lo más importante que he hecho en la vida, ocurrió cuando no había absolutamente nada que yo pudiera hacer. Nada de lo que había aprendido hasta ese día en la vida, ni todo lo racional que fui para analizar mis alternativas, nada me sirvió en tales circunstancias. A dos personas les sobrevino una desgracia, y yo era impotente para remediarla.
Lo único que pude hacer fue acompañarlos y esperar el desenlace. Pero estar allí en esos momentos, para mí, era lo principal.
La segunda: Estoy convencido, que lo más importante que he hecho en mi vida, estuvo a punto de no ocurrir, debido a los prejuicios, al preconcepto inculcado de ser racional y ubicado ante las circunstancias. Con mi obsesión a pensar y analizar, casi me olvidé de sentir.
Hoy, no tengo duda alguna de lo bien que hice al haber seguido a mi amigo al hospital.
La tercera: Aprendí que la vida puede cambiar en un instante. Intelectualmente, todos sabemos esto, pero creemos que las desdichas les pasan a otros, no a nosotros. Así, hacemos planes y concebimos nuestro futuro como algo perfectamente proyectado, que pareciera que va a ocurrir. Al comienzo de cada día, dejamos de advertir todos los peligros que pasan junto a nosotros; olvidamos que sufrir una enfermedad grave, toparse con un conductor ebrio, sufrir un accidente, o la desgracia de un ser querido, o miles de cosas más, pueden alterar ese futuro en un abrir y cerrar de ojos.
En ocasiones, a uno le hace falta vivir una tragedia, para volver a poner las cosas en perspectiva. Desde aquel día, busqué un equilibrio entre el trabajo y la vida; aprendí que ningún empleo, por gratificante que sea, compensa perderse unas vacaciones, romper con la pareja o pasar un día festivo lejos de la familia.
También aprendí que lo mas importante en la vida, no es ganar dinero, ni ascender en la escala social, ni recibir honores. Lo más importante en la vida, es el tiempo que dedicamos a cultivar el amor y la amistad.
Por: Andi | Trabajo | Comentarios (0) | Referencias (0)

El desván es
Un pequeño trastero donde se van amontonando chistes, crónicas, imágenes, reflexiones, textos fuera de contexto y cosillas que hay en las tres W. Todo dentro de distintos embalajes. Cosas nada fuera de lo común.




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